Adoptar a Ein Leben für die Straßenhunde: Svjetlanas Geschichte
Mestizo · Hembra · Senior · 12 años
A veces conoces a personas que tocan tu corazón, porque hacen algo más grande que ellas mismas. Personas que no eligen la seguridad, un camino conveniente o atajos, sino que se dedican con todo su corazón a otros seres vivos. Una de esas mujeres es Svjetlana de Kotor Varoš en Bosnia y Herzegovina. En un nuevo episodio del podcast Nordic Strays "Stray Talk", pudimos escuchar su historia. Una hora llena de emociones, contratiempos, esperanza y sobre todo, un amor inquebrantable hacia los animales. Puedes escuchar el episodio completo en inglés. Pero aquí queremos darte una visión en alemán. Desde un paseo nocturno hasta una misión de toda la vida, la historia de Svjetlana comienza con un perro: su primer perro propio, Vardi, un Pastor Central Asiático grande. Un perro que era muy grande y por eso asustaba a mucha gente. Para evitar problemas, Svjetlana lo llevaba a pasear de noche. Pero estos paseos se convirtieron en un punto de inflexión: cada vez más perros callejeros se les unían. Pronto, grandes grupos corrían por las noches con ellos. Para Svjetlana de 14 años, parecía como si hubiera encontrado repentinamente una segunda familia en cuatro patas. De su entusiasmo de la infancia nació una responsabilidad que nunca perdería nuevamente. Incluso entonces comenzó a buscar formas de ayudar. Abrió una página de Facebook, escribió las primeras publicaciones, recogió comida con amigos y se dio cuenta: Algo está comenzando aquí que determinará mi vida. La decisión: Corazón en lugar de seguridad. Durante muchos años, Svjetlana llevó una doble vida. Durante el día trabajaba en un café, por las noches cuidaba perros que nadie más quería. Pero eventualmente llegó a un cruce. "Tenía una oferta para un puesto permanente en el café", dice. "Pero entonces vi a mis perros: encerrados, solos, esperando. Y supe: Eso no soy yo. Mi corazón no late por historias de cafés. Mi corazón late por ellos". Así que renunció. Sin seguridad, sin ingresos. "O encuentro un camino para lograrlo, o dejo por completo. Pero ya sabía: No dejaría de hacerlo". Durante muchos años, Svjetlana llevó una doble vida. Durante el día trabajaba en un café, por las noches cuidaba perros que nadie más quería. Pero eventualmente llegó a un cruce. "Tenía una oferta para un puesto permanente en el café", dice. "Pero entonces vi a mis perros: encerrados, solos, esperando. Y supe: Eso no soy yo. Mi corazón no late por historias de cafés. Mi corazón late por ellos". Así que renunció. Sin seguridad, sin ingresos. "O encuentro un camino para lograrlo, o dejo por completo. Pero ya sabía: No dejaría de hacerlo". Contratiempos y oscuridad. El camino nunca fue fácil. Svjetlana tuvo que presenciar perros envenenados. Cachorros que morían porque la ayuda llegó demasiado tarde. Un grupo completo al que ella y sus amigos apoyaron fue eliminado. En 2014 vino la gran inundación en Bosnia. Mientras muchas personas perdieron sus casas, Svjetlana intentó salvar a tantos perros como fuera posible. Los llevó a una fábrica abandonada, un lugar sombrío que parecía más una película de horror. Pero allí los animales estaban secos, tenían refugio. "La gente pensó que estaba loca", dice. "Una joven entrando en una fábrica abandonada después de clase por la noche para alimentar a los perros. Pero para mí era lo más natural del mundo". Angelica: una perra que cambió todo. Entre todos los animales que Svjetlana salvó, hay uno que nunca olvidará: Angelica. La encontró en las montañas, muy flaca, sola, y nadie sabía cómo había sobrevivido. Al principio todo parecía bien. Pero una mañana, Angelica yacía en su manta, apenas respirando. El diagnóstico: Estaba embarazada, tenía costillas rotas y heridas internas. Ya habían nacido algunos cachorros muertos en su interior. A pesar de ello, había luchado hasta el último momento, había corrido, había comido, como si quisiera mantenerse fuerte tanto tiempo como fuera posible hasta que finalmente encontrara un lugar seguro. Angelica sobrevivió, se recuperó y luego fue adoptada. Para Svjetlana, sigue siendo un símbolo: La fuerza indomable de los animales para sobrevivir siempre que haya esperanza. El sueño de su propio refugio animal. Hoy en día, Svjetlana vive con sus perros en una casa que pertenecía a su abuelo. Pero claramente, ya no es suficiente. Demasiados perros necesitan ayuda, hay muy poco espacio y seguridad. Por eso comenzó a soñar con su propio refugio animal. Un lugar donde los perros no sean solo cuidados temporalmente, sino alojados seguramente a largo plazo. Un lugar donde puedan prepararse para adopciones, para una nueva vida. Gracias a un grupo de seguidores de Austria, se pudo comenzar la construcción. Se encontró un lugar, las primeras paredes están levantadas. Pero aún falta mucho: cercas.
Leer original (de)
.fusion-imageframe Ein Leben für die Straßenhunde: Svjetlanas Geschichte Manchmal begegnet man Menschen, die das Herz berühren – weil sie etwas tun, was größer ist als sie selbst. Menschen, die keine Sicherheit, keinen bequemen Weg und keine Abkürzungen wählen, sondern sich mit ganzer Seele für andere Lebewesen einsetzen. Eine solche Frau ist Svjetlana aus Kotor Varoš in Bosnien-Herzegowina. In einer neuen Folge des Nordic Strays Podcasts “Stray Talk” durften wir ihre Geschichte hören. Eine Stunde voller Emotionen, Rückschläge, Hoffnung und vor allem unerschütterlicher Liebe zu den Tieren. Die komplette Episode könnt ihr auf Englisch nachhören. Doch hier möchten wir euch einen Einblick auf Deutsch geben. Vom Nachtspaziergang zur Lebensaufgabe Svjetlanas Geschichte beginnt mit einem Hund: ihrem ersten eigenen Hund Vardi, einem großen zentralasiatischen Schäferhund. Ein Hund, der sehr groß war und deshalb bei vielen Menschen Angst hervorrief. Um Ärger zu vermeiden, führte Svjetlana ihn nachts spazieren. Doch diese Spaziergänge wurden zu einem Wendepunkt: Immer mehr Straßenhunde schlossen sich den beiden an. Bald liefen ganze Rudel mit ihnen durch die Nächte. Für die damals 14-jährige Svjetlana war es, als hätte sie plötzlich eine zweite Familie gefunden, auf vier Pfoten. Aus kindlicher Begeisterung wurde eine Verantwortung, die sie nie wieder loslassen sollte. Schon damals begann sie, nach Möglichkeiten zu suchen, wie sie helfen konnte. Sie eröffnete eine Facebook-Seite, schrieb erste Beiträge, sammelte mit Freund*innen Futter und merkte: Hier beginnt etwas, das mein Leben bestimmen wird. Die Entscheidung: Herz statt Sicherheit Viele Jahre führte Svjetlana ein Doppelleben. Tagsüber arbeitete sie in einem Café, abends kümmerte sie sich um Hunde, die sonst niemand wollte. Doch irgendwann stand sie an einem Scheideweg. „Ich hatte ein Angebot für eine feste Stelle im Café“, erzählt sie. „Aber dann sah ich meine Hunde: eingesperrt, alleine, wartend. Und ich wusste: Das bin nicht ich. Mein Herz schlägt nicht für Cafégeschichten. Mein Herz schlägt für sie.“ Also kündigte sie. Ohne Sicherheit, ohne Einkommen. „Entweder ich finde einen Weg, es zu schaffen, oder ich höre ganz auf. Aber ich wusste schon: Aufhören werde ich nicht.“ Viele Jahre führte Svjetlana ein Doppelleben. Tagsüber arbeitete sie in einem Café, abends kümmerte sie sich um Hunde, die sonst niemand wollte. Doch irgendwann stand sie an einem Scheideweg. „Ich hatte ein Angebot für eine feste Stelle im Café“, erzählt sie. „Aber dann sah ich meine Hunde: eingesperrt, alleine, wartend. Und ich wusste: Das bin nicht ich. Mein Herz schlägt nicht für Cafégeschichten. Mein Herz schlägt für sie.“ Also kündigte sie. Ohne Sicherheit, ohne Einkommen. „Entweder ich finde einen Weg, es zu schaffen, oder ich höre ganz auf. Aber ich wusste schon: Aufhören werde ich nicht.“ Rückschläge und Dunkelheit Der Weg war nie leicht. Svjetlana musste erleben, wie Hunde vergiftet wurden. Wie Welpen starben, weil Hilfe zu spät kam. Wie ein ganzes Rudel, das sie mit Freund*innen versorgte, ausgelöscht wurde. 2014 kam die große Flutkatastrophe in Bosnien. Während viele Menschen ihre Häuser verloren, versuchte Svjetlana, so viele Hunde wie möglich zu retten. Sie brachte sie in eine verlassene Fabrik, ein trostloser Ort, der eher wie aus einem Horrorfilm wirkte. Aber dort waren die Tiere trocken, dort hatten sie Schutz. „Die Leute hielten mich für verrückt“, sagt sie. „Ein junges Mädchen, das nachts nach der Schule in eine verlassene Fabrik schleicht, um Hunde zu füttern. Aber für mich war es das Normalste der Welt.“ Angelica: eine Hündin, die alles veränderte Unter all den Tieren, die Svjetlana rettete, gibt es eines, das sie nie vergessen wird: Angelica. Sie fand sie in den Bergen, abgemagert, allein und ohne dass man wusste, wie sie überlebt hatte. Zunächst schien alles gut. Doch eines Morgens lag Angelica auf ihrer Decke, konnte kaum atmen. Die Diagnose: Sie war schwanger, hatte gebrochene Rippen, war innerlich verletzt. Manche Welpen waren schon tot in ihrem Bauch. Trotzdem hatte sie bis zum letzten Moment gekämpft, war gelaufen, hatte gefressen, als wollte sie so lange stark bleiben, bis sie endlich einen sicheren Ort gefunden hatte. Angelica überlebte, wurde gesund und später adoptiert. Für Svjetlana bleibt sie ein Symbol: Die unbändige Kraft der Tiere, zu überleben, solange Hoffnung da ist. Der Traum vom eigenen Tierheim Heute lebt Svjetlana mit ihren Hunden in einem Haus, das einst ihrem Großvater gehörte. Doch klar ist: Es reicht nicht mehr. Zu viele Hunde brauchen Hilfe, zu wenig Platz und Sicherheit gibt es. Deshalb begann sie, von einem eigenen Tierheim zu träumen. Ein Ort, an dem Hunde nicht nur kurzfristig versorgt, sondern langfristig sicher sind. Ein Ort, an dem sie vorbereitet werden können für die Adoptionen, für ein neues Leben. Dank einer Gruppe Unterstützer*innen aus Österreich konnte der Bau beginnen. Ein Gelände wurde gefunden, die ersten Wände stehen. Doch es fehlt noch viel: Zäune, Ausläufe, Materialien, Genehmigungen. Und Svjetlana denkt schon weiter: Auf dem Gelände könnte irgendwann auch ein OP-Raum entstehen, um Kastrationen durchzuführen. Denn Prävention ist der einzige Weg, das Leid dauerhaft zu verringern. Kämpfen, ohne sich selbst zu verlieren Nach zwölf Jahren Tierschutz weiß Svjetlana: Man darf nicht alles geben, ohne an sich selbst zu denken. „Früher dachte ich, ich muss immer alles ertragen. Heute weiß ich: Wenn du dich selbst verlierst, kannst du niemanden mehr retten.“ Ihre Kraft schöpft sie aus der Natur, den Spaziergängen mit ihren Hunden, der Stille im Wald. Und aus dem Gedanken, dass jede einzelne Rettung zählt, selbst wenn der Weg voller Hind
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Publicado hace 3 semanas






